Cuando, por fin, los poderes públicos se deciden a abandonar su desidia cultural y patrimonial, se ponen manos a la obra y proporcionan los medios para investigar lo que ya sabíamos que era un yacimiento de enorme importancia. Cuando, por fin, se empiezan a publicar los resultados de las investigaciones y se trata de proteger el entorno, después de tantísimo tiempo de olvido y dejadez. Ahora que, por fin, se habían decidido y que todos parecían estar más o menos de acuerdo, vaya, qué mala pata, viene el proyecto de la Ronda Norte a destrozar lo que con tanto esfuerzo se trata de preservar.